Juego de Chicos

Olor a pasto recién cortado

Olor a pasto recién cortado
Clique la foto para ver el video de la presentación en Librería Otras Letras, 14/04/11

Microondas (lectutra) en El Empujón del Diablo

Microondas (lectutra) en El Empujón del Diablo
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Lectura de "9 Suplente" en Alejandría

Lectura de "9 Suplente" en Alejandría
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viernes 27 de enero de 2012

Ser y estar

Facundo R. Soto


Escritor, periodista, psicólogo



1-La netbook

Hace dos años que la tengo y la siento parte de mi. Se me ocurren cosas

casi todo el tiempo, en todos lados. Antes, las anotaba en papeles y libretitas, ahora las escribo en el Blackberry (escribí una nouvelle entera desde ahí), y me envio

las notas por mail; después las trabajo en la netbook. Me resulta tan

familiar, que siento que nos conocemos desde siempre.




2-La pelota

Jugando el Mundial de fútbol gay que se hizo en Washington, en el

2009, le saqué la pelota a un jugador del equipo contrario y patee al arco.

La pelota se perdió en el campus. Después de un par de horas, cuando

la combi se iba, la vi en el pasto. Me bajé y la agarre. Cuando

presenté Olor a pasto recién cortado en la librería Otras Letras,

después de la lectura cortamos la calle y jugamos un partidito en la

vereda, en Palermo (teníamos el permiso por parte del gobierno de la ciudad). El quiosquero de la esquina se enojó y le pegó un

chumbazo a la pelota que la colgó de un edificio. Fui tantas veces a reclamársela

hasta que la recupere.



3-Los robots

No tengo una gran cantidad de robots, pero los que están me quieren y acompañan,

como si fuesen mis amigos. Es una forma de seguir siendo chico, igual que

escribir (otro de mis juegos favoritos). La mayoría de los robots los compré por

Internet o en la Feria de San Telmo.



4-La bicicleta

No suelo tomar taxis. Me manejo en subte o bicy. Cuando voy a jugar al

fútbol: los lunes, miércoles y sábados, en La Estrella de Boedo,

lo hago en bicy. Me encanta volver en cueros, escuchando en los

auriculares a Strokes, Pixies ó Ataque 77. Me encanta dejarme llevar

por las calles en bajada, y en verano escuchar los grillos. De ahí se desprenden muchas de las historias que escribo.